Concibiendo primordialmente a la evaluación educativa como proceso formativo y por tanto como aquel que tiene por finalidad aportar información para el encauce permanente de las actividades de enseñanza a los efectos de que los aprendizajes sean los más adecuados (esperados, deseables, buscados), también decimos que la adjudicación de calificaciones, promedios o juicios a los estudiantes, es decir la llamada evaluación sumativa, es parte esencial del proceso de evaluación.
La construcción de un perfil de alumno exonerado pretende ser un instrumento que sirva para ambas dimensiones de la evaluación. Buscando la operatividad que mencionábamos en la introducción, se pretende elaborar un perfil que facilite a los profesores y estudiantes en el desempeño de sus funciones.
Para el profesor el perfil servirá como guía para ir confrontando resultados de la evaluación a los efectos de redirigir sus acciones educativas; servirá también como una referencia de resultados deseados lo que permitirá una mayor justicia en la adjudicación de calificaciones individuales.
Para los estudiantes el perfil servirá como una guía de las distintas características que se entienden como necesarias adquirir y/o desarrollar, para ser un buen docente. Facilitará los necesarios procesos de autoevaluación a través de los cuales el propio aprendiz podrá reencausar energías y esfuerzos para conseguir los resultados deseados. Entendemos que será también para él un elemento de justicia ya que le permitirá objetivar mejor los resultados sumativos obtenidos.
Sin perjuicio de las intrincadas relaciones que competencias y actitudes tienen, hemos coincidido que ambos aspectos del desempeño estudiantil nos resultan especialmente útil para la elaboración del perfil, por lo cual los consideramos en este trabajo separadamente.
Tomando a Perrenoud, definimos competencia como “capacidad de movilizar varios recursos cognitivos para hacer frente a un tipo de situaciones[1]”. Con esto adherimos a una concepción de enseñar para aplicar, es decir enseñar para transferir conocimientos a problemas, para resolver situaciones. Como dirá Perrenoud, “al formular más explícitamente objetivos de formación en términos de competencias, se lucha abiertamente contra la tentación de la escuela: prepararse a sí mismo, marginar la referencia a situaciones de la vida; y de no tomarse el tiempo de ayudar a la movilización de los acervos en situaciones complejas. El enfoque por competencias es una manera de tomar seriamente, dicho en otras palabras, una problemática antigua, la de la "transferencia de conocimientos".[2]
Con respecto al concepto de actitudes, entendemos por tales las “predisposiciones estables de la interioridad que el ser humano adquiere, a partir de los valores en los que cree, y que le llevan a reaccionar o comportarse favorable o desfavorablemente ante las realidades vividas: ideas, situaciones, personas o acontecimientos” [3].
En primer lugar nos ha de quedar claro que las actitudes no son innatas, sino que se adquieren, se aprenden, se modifican y maduran; son educables, como los valores. En segundo lugar las actitudes son “predisposiciones estables”, es decir, son estados personales adquiridos de forma duradera y previamente a la acción concreta. Un tercer punto que caracteriza a las actitudes es su carácter dinámico y operativo: ellas provocan reacciones o comportamientos favorables o desfavorables ante la realidad.
Las actitudes se fundamentan en los valores, o si se quiere, los valores se expresan, se concretan y se alcanzan en el desarrollo de las actitudes. Por esto mismo es que las consideramos especialmente valiosas para definir características del alumno con perfil de exoneración.
Finalmente, otro aspecto a considerar de las actitudes es su relación con las normas: todo valor se instrumentaliza a través de unas normas, las cuales son pautas de conducta o criterios de actuación que dictan cómo debe ser el comportamiento de una persona ante una determinada situación.
Veamos ahora algunas consideraciones de trabajo adoptadas sobre las respuestas de los estudiantes a las preguntas planteadas. Siendo compartidas por los profesores todas las características señaladas por los alumnos en la pregunta 1 vimos conveniente, operativo y clarificador, agrupar las mismas en dos categorías y reformularlas en algunos casos. Las mencionadas agrupaciones son:
Actitudes hacia la Asignatura-Disciplina;
Actitudes hacia Docente y Compañeros estudiantes.
Con respecto a las respuestas de la pregunta 2, coincidimos con la postura de los estudiantes en que las calificaciones de evaluaciones escritas en sus diferentes modalidades (pruebas ordinarias, pruebas semestrales, entrega de trabajos, etc.), no debe ser prioritaria y menos aún excluyente, de las evaluaciones orales del trabajo diario. También coincidiendo con la mayoría de los estudiantes nos parece importante que un alumno con exoneración debe mayoritariamente tener calificaciones escritas en el entorno de la nota de exoneración y que al menos ninguna sea inferior al mínimo aceptable.
También en la pregunta 3 tenemos amplias coincidencias con lo denotado por los estudiantes a lo cual solo hacemos una reformulación de algunas características al tiempo de juntarlas con otras que sobre el mismo aspecto plantean.
Finalmente para las respuestas dadas en la pregunta 4 hacemos una agrupación de las competencias en dos grandes categorías:
Competencias Generales como aquellas básicas que a lo largo de toda la formación y en todas las asignaturas se expresan;
Competencias Didáctico-Pedagógicas, como aquellas que si bien también se expresan de diferentes formas o maneras en las asignaturas específicas, es sobre todo o particularmente en la práctica docente donde más corresponde evaluarlas.
[1] Perrenoud Philippe (2004) Diez nuevas competencias para enseñar. Barcelona. Graó. Colección biblioteca del Aula, Nº 196
[2] Entrevista con Philippe Perrenoud, Universidad de Ginebra. Observaciones recogidas por Paola Gentile y Roberta Bencini. En la web: http://kino.iteso.mx/~luisg/Construir%20competencias.doc
[3] Camino Trapero & Maciel de Oliveira, Pedagogia de los valores. Una experiencia compartida. Monteverde, Montevideo
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